Las putas y la sociedad

De acuerdo a mis experiencias, los conceptos que aprendí, y la vivencia de estos años, leído algunos estudios realizados dentro de la sociedad mercantilista y monetizada, un análisis concienzudo de la situación que están pasando, me dio como resultado, aunque nos incomode a muchos admitirlo, que todos vendemos lo mejor de nosotros al mejor postor, ya en diferentes circunstancias y con gran variedad de sitios, así como lo hacen las putas en su manera no aceptada por los valores morales de una sociedad conservadora.

Se sabe que la prostitución es una de las profesiones más antiguas del mundo, ya que siempre ha tenido un mercado dispuesto a pagar por ellas y personas dispuestas a ejercerla con diversas motivaciones. Pienso que para esta circunstancia estoy de acuerdo en que muchas putas lo son por necesidad y que las condiciones de su vida y la gran facilidad con la que se puede ejercer y ganar dinero realizando este oficio, muchas de ellas han sido degradadas, esclavizadas y humilladas en este contexto, y eso no debería pasar, pero al verlo en un sentido  mucho más amplio, varios miles de millones de personas en el mundo son tratadas, como si ellas, fueran un pieza de mercadería que  igual  vende alguna parte de su cuerpo.

Muchos de nosotros vendemos nuestra mente, como los ingenieros, contadores, etc.,  otros venden su cuerpo por su capacidad deportiva, como los futbolistas, voleibolistas, etc.,  otros venden tanto su voz, como los cantantes, los oradores, etc., u tristemente otros incluso sus ideologías como los políticos.

En fin todos nos vendemos al mejor postor  que podamos conseguir, y así no solo somos putas, sino compradores de virtudes e incluso algunos somos proxenetas que les decimos a la gente qué hacer con su mente y su cuerpo, durante toda la historia de la humanidad se manejó este precepto al igual como la condición de las putas en su oficio.

Tenemos a las putas, esas que venden su virtud por dinero, que han sido menospreciadas por la sociedad, tildadas de pecadoras, llamadas zorras, de ser lo peor de la sociedad, pero no existe casi en ningún rincón del mundo donde ellas no estén ofreciendo un poco de placer, cariño, compañía y silencio para quien esté dispuesto a pagar sus caricias y amor que ellas están dispuestas a darle por un corto periodo.

Comprendo que no entregan su cuerpo, sino su sexualidad, su genitalidad, su amor, sus caricias y esto en nuestra sociedad es malo, y lo malo no se vende ni se compra, porque tiene que ver con la honra de la persona y hasta con la

estabilidad económica de una familia. Eso lo sé; pero ellas son honestas con lo que hacen y como lo hacen, mientras nosotros lo negamos, ellas no tienen en consideración que lo hacen por dinero y para cubrir una necesidad, nosotros lo negamos e incluso replicamos el concepto de prostitución solo a ellas.

Tenemos que aceptarlo, que ellas no son diferentes a nosotros. Venden lo mejor que ellas tienen por unas monedas. Muchos dirán que lo que más han desarrollado y cultivado desde su juventud, ofrecerlo para obtener unos centavos del bolsillo de quien necesita esos servicios.

A la pregunta ¿Por qué lo hacen, por qué lo hacemos?, y la respuesta es por la misma razón de siempre: quieren tener dinero para tener libertad, porque el dinero no te da la felicidad, pero sí te da la libertad de usarlo como según se desee, necesite, quiera o como a cada quien se le plazca. De ello que nos veremos reflejados en el  dicho popular que el dinero no da felicidad pero ayuda.

Nos vendemos a cada día para que nos compren, y nos den libertad para comprar algo de otros, y el círculo continua una y otra vez, cargando dentro las sonrisas y las tristezas, de quien logró tener lo que deseaba y se vendió para obtenerlo.

Durante este corto tiempo, me di cuenta que en el camino, llega el peor cliente de todos, el que nos exige lo mejor de nosotros, sin importar lo que daremos a cambio. Ese cliente, es nuestra pasión, y lo seguimos ciegamente, dando lo mejor cada día, gratis, sin esperar nada a cambio, tan solo la satisfacción se hacer lo que soñamos y deseamos en este mundo.

Por eso nosotros no debemos de despreciarlas, o quizá por eso nosotros lo hacemos, porque nos vemos en ellas como en un triste espejo, reflejo de lo que somos nosotros, porque sentimos que lo que ellas hacen es impuro, malo, impúdico, vulgar, inmoral,  mientras cocinamos comida que hace daño, creamos publicidad para que la gente compre lo que no necesita, cobramos intereses exorbitantes, recibimos sobornos para acelerar documentos, cobramos por un espacio en la fila, y buscamos la forma de hacer trampa.

Pero al parecer son ellas, las prostitutas, ellas son las malvadas, las despreciables. Lo que hacemos es socialmente aceptado, así nos humillen en el trabajo, nos compren ideas y las transformen a su gusto, usen nuestras creaciones para hacer el mal o simplemente firmemos un papel para darle la razón a alguien.

estabilidad económica de una familia. Eso lo sé; pero ellas son honestas con lo que hacen y como lo hacen, mientras nosotros lo negamos, ellas no tienen en consideración que lo hacen por dinero y para cubrir una necesidad, nosotros lo negamos e incluso replicamos el concepto de prostitución solo a ellas.

Tenemos que aceptarlo, que ellas no son diferentes a nosotros. Venden lo mejor que ellas tienen por unas monedas. Muchos dirán que lo que más han desarrollado y cultivado desde su juventud, ofrecerlo para obtener unos centavos del bolsillo de quien necesita esos servicios.

A la pregunta ¿Por qué lo hacen, por qué lo hacemos?, y la respuesta es por la misma razón de siempre: quieren tener dinero para tener libertad, porque el dinero no te da la felicidad, pero sí te da la libertad de usarlo como según se desee, necesite, quiera o como a cada quien se le plazca. De ello que nos veremos reflejados en el  dicho popular que el dinero no da felicidad pero ayuda.

Nos vendemos a cada día para que nos compren, y nos den libertad para comprar algo de otros, y el círculo continua una y otra vez, cargando dentro las sonrisas y las tristezas, de quien logró tener lo que deseaba y se vendió para obtenerlo.

Durante este corto tiempo, me di cuenta que en el camino, llega el peor cliente de todos, el que nos exige lo mejor de nosotros, sin importar lo que daremos a cambio. Ese cliente, es nuestra pasión, y lo seguimos ciegamente, dando lo mejor cada día, gratis, sin esperar nada a cambio, tan solo la satisfacción se hacer lo que soñamos y deseamos en este mundo.

Por eso nosotros no debemos de despreciarlas, o quizá por eso nosotros lo hacemos, porque nos vemos en ellas como en un triste espejo, reflejo de lo que somos nosotros, porque sentimos que lo que ellas hacen es impuro, malo, impúdico, vulgar, inmoral,  mientras cocinamos comida que hace daño, creamos publicidad para que la gente compre lo que no necesita, cobramos intereses exorbitantes, recibimos sobornos para acelerar documentos, cobramos por un espacio en la fila, y buscamos la forma de hacer trampa.

Pero al parecer son ellas, las prostitutas, ellas son las malvadas, las despreciables. Lo que hacemos es socialmente aceptado, así nos humillen en el trabajo, nos compren ideas y las transformen a su gusto, usen nuestras creaciones para hacer el mal o simplemente firmemos un papel para darle la razón a alguien.

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